
Estaba desnudo de pie, subido encima de la cama. Se contoneaba frenéticamente al ritmo de la música que había seleccionado previamente en el equipo. Sus manos, nerviosas, pulsaban las cuerdas de una guitarra eléctrica imaginaria; mientras sus cuerdas vocales imitaban la voz del vocalista de una banda de rock, marcando cada sílaba, cada suspiro y cada pausa exactamente igual que él. De algún modo se esforzaba en romper el silencio y la barrera invisible, pero infranqueable, que se abría entre él y su mujer.
Julia podía ver el reflejo de Serafín a través del espejo que estaba sobre la cómoda de la habitación. Los movimientos que ejecutaba eran idénticos a los del artista.
Ella estaba sentada y tenía el rostro completamente embadurnado de crema, el cabello sujeto, mechón a mechón, con unas horquillas, y con unas pinzas se depilaba el suave bigote y cuatro pelos breves y duros que se empeñaban en crecer en su barbilla.
Sobre la cómoda descansaba una revista de rabiosa actualidad musical, dedicada sobre todo a grupos de rock y de heavy metal; estaba abierta por la página veinte. En primer término se podía ver la foto del líder de una banda de rock que guardaba un asombroso parecido con Bon Jovi. Estaba de espaldas al fotógrafo, luciendo su torso desnudo lleno de tatuajes, mientras que la zona del trasero estaba medio oculta por unas letras sobreimpresas en la imagen. Su piel brillaba cubierta de sudor, y sus músculos y tendones se tensaban como las cuerdas de la guitarra que sostenía entre sus manos.
Julia acarició el papel satinado de la revista con sumo deleite, como si en realidad estuviera acariciando la piel de sus hombros, pecho o espalda. Soltó un pequeño gemido de placer.
Serafín lo advirtió desde su atalaya y de un brinco se bajó de la cama. Se acercó desnudo completamente, como un Niño Jesús, y se colocó tras ella frente al espejo.
Sintiéndose pillada in fraganti, Julia deslizó la revista sobre sus muslos, por encima del camisón, y se apresuró a ocultarla con un extremo de la bata. Alzó la vista, y al otro lado del espejo se encontró un hombre con pinta de estar en avanzado estado de gestación de lo que, llegado el caso, sería más que un embrión humano, un barril cervecero. Más abajo, como si se tratase del grifo mismo del barril, pendía una cosita pequeña y arrugada de la que él, al parecer, se encontraba sumamente satisfecho: su exigua y flácida minina.
Julia no pudo evitar que se le saltaran las lágrimas al verle. Él, entregado y lleno de emoción le dijo:
-“Te ha gustado mi actuación, no puedes negarlo... ¿a qué sí, cariño?”-
- “¿Acaso lo dudas, mi amor?”- Respondió ella, sorbiéndose los mocos hacia arriba y posando su triste mirada sobre la revista.

8 comentarios:
Jajajaja, otro excelente relato. Entonces minina es lo que bicho es para los puertoriqueños?
Para mi minino y minina se refieren a un gato o gata. Jajajaja, estas cosas del idioma.
Un beso
Lo que hace la fantasia... Menos mal que ellos siempre estan dispuestos a creerse todo, no?
Muy bueno...
Besitos rockeros
No hay quién pueda con el ego de un hombre!! No hay más ciego que el que no quiere ver.
Besos.
Ana
Casi hubiese sido mejor que la barriga cervecera hubiese tapada esa birria de minina... después de todo para lo que parece que le va a servir.
Vaya con la autoestima del bonyovi españolito, ouyeah!
Jajajaja!
Muy bueno, Ana, me troncho contigo.
Besito, guapa!
Hola.
Gracias por entrar en mi modesto y poco transitado blog.
Soy de ciencias y de letras, si de aficiones se trata.
Los precios de los pisos seguro que son más altos de lo que explico, pero simplemente se trataba de una aproximación tirando por lo bajo, para hacernos una idea de lo que puede significar un pequeño cambio urbanístico en un pequeño lugar de la ciudad.
Muy bonito el relato de la mujer y la revista.
Magnífico Ana, aunque los comentarios de tus "contertulios" están a la altura, eh? jejeje... Magníficos también.
Un beso grande.
Aunque me hizo tambien a mi gracia lo de la exigua minina, me ha dado cierta tristeza el cuento. Conozco bien las dos sensaciones, la de intentar por todos los medios complacer al ser amado sin conseguirlo y la de verse amado por quien no amas, y sentir compasion por los denonados esfuerzos de esa persona por hacerte feliz...y comprobar que paradojicamente esa compasión que sientes se vuelve contra ti mismo y te llena de amargura.
...otro besote...
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