
Tiemblo cuando él clava su mirada sobre mi,
sin embargo temo que desaparezca,
por eso no quiero dormirme y paso las noches en vela.
Vigilo, escruto, controlo cada movimiento suyo.
Cae la tarde, en pie el silencio,
me relajo y, ya tranquila, duermo.
Cae el silencio, en pie la aurora,
me despierto.
Busco y rebusco bajo la cama, en la cómoda,
en el armario, bajo mis sábanas.
Se ha marchado, soy tan torpe...
Culpable y desesperada, miento: “No se ha ido, vendrá luego...”
Lo siento por Monterroso:
“Cuando desperté, el dinosaurio ya no estaba allí”

6 comentarios:
¡Qué cabrona!¿este es tu dormitorio?. Me tienes que invitar, aunque no sea a dormir. Con verlo me conformo...
;¬)
Besos. Toño.
Bueno si quien se ha ido era realmente un dinosaurio, no pierdes tanto.
A no ser que fuera uno de esos viejos forradito de euros!!!
Jajajaja!
Y, como dice Toño, una habitación preciosa.
Un beso, guapa!
Me encantaaaaa, me encanta la habitación, tan blanca, tan pura, qué poco dura.
Pos sí, estoy un poco asqueadilla de la vida en general. Se me fué la alegría hace un tiempo y aunque lo intento no termino de recuperar. Pero estamos en ello. Fuerza y al toro!
Besos guapa!!
Ana
Que dormitorio, querida!! una preciosidad.
A los dinosaurios, si son de los que juegan los niños, esta bien tenerlos cerca...
pero si son estos carcas que se enquistan por todos lados y no desaparecen nunca, mejor tenerlos lejos
Besitos
Jajaja, vaya dinosaurio que inspira tantos cuentos. Ha de ser horrible despertar y ver a un dinosaurio, por eso que bueno que ya se ha ido.
Besos
...hay cosas tan grandes como dinosaurios que parece que no vayamos a perderlas de vista aunque echemos solo una cabezada, y de pronto, en cuanto bajas la guardia, descubres...
...que se han ido...
Besote numero dos.
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